II domingo de Cuaresma (1 de marzo de 2026)
La serpiente dijo a la mujer: «¿Conque Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No coman de él ni lo toquen, de lo contrario morirán”». La serpiente replicó a la mujer: «No, no morirán; es que Dios sabe que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (Génesis 3, 4-5).
En el paraíso el tentador presenta el mal como un bien y así lleva a obrar al ser humano en contra del proyecto de Dios. Hay ocasiones en que la sociedad en la que vivimos propone maneras de obrar que van en contra del Evangelio y estas en ocasiones se presentan con buenas intenciones de modo que nuestro egoísmo o nuestras ambiciones se pueden disimular y presentarse como causas justas y nobles.
El papa Francisco hablaba de una ‘mundanidad espiritual’ que se esconde detrás de apariencias de religiosidad, una religiosidad que no busca la unión con Dios sino la gloria humana (Evangelium gaudium, 93).
En el itinerario del catecumenado, durante los días de Cuaresma se realizan los «escrutinios», una especie de ejercicio espiritual de quien se prepara para el bautismo, los escrutinios tienen dos fines: descubrir en el corazón de quien se prepara para el bautismo lo que es débil, morboso o perverso para sanarlo; y lo que es bueno, positivo y santo para asegurarlo (Ritual de
iniciación cristiana de adultos, 25, 1).
En la preparación para la Pascua el rito de los escrutinios me mueve a buscar la gracia de Dios que me libera del pecado y me fortalece en mi relación con Cristo, que es el camino, la verdad y la vida de los elegidos.
