I domingo de Cuaresma (22 de febrero de 2026)
«Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manténganse, pues, firmes, y no dejen que vuelvan a someterlos a yugos de esclavitud» (Gálatas 5, 1).
La dignidad y la libertad del ser humano son don de Dios, son gracia. La libertad hace de mi un sujeto moral, es decir, responsable de mis actos. Cada uno de nosotros estamos llamados a autorrealizarnos a través de acciones que revelan lo que cada uno tiene en su corazón.
A través de la gracia de la Pascua de Cristo Dios me entrega a mí mismo liberándome del pecado, de modo que ya no esté actuando movido por el pecado, por la codicia, por los criterios del mundo o de una sociedad que deshumaniza. Al liberarme Dios a través de la gracia me da la potestad de ser yo mismo, de aceptarme como soy sin negar nada de mi historia, sin cerrarme a todo lo que en profundidad afecta mi vida, es decir contemplando con esperanza el futuro.
